"El futuro del periodismo consiste en contar las mejores historias de la
forma más clara y eficaz posible. No depende del uso de nuevas
tecnologías. La idea de que un diseñador debe cambiar de inmediato sus
costumbres tras la aparición de cada nuevo software es
equivalente a pensar que un periodista está obligado a adaptar su voz
personal a las limitaciones de la máquina en la que teclea"
El 17 de octubre sale una nueva obra de José Luis Orihuela (@jlori en Twitter), cordobés, catedrático en la Universidad de Navarra; lo que se dice un maestro.
Se trata, explica Orihuela en su blog eCuaderno, de una selección de artículos publicados en Digital media Weblog de ABC. comentados por expertos.
Tuve el honor de ser convocado por José Luis para comentar uno de esos post, titulado "Que traigan noticias".
Esperemos que llegue pronto a la Argentina.
Este jueves 2 de junio participé de la charla "Qué Periodismo...Para Que Ciudadanía", en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Luis, en compañía de Mario Otero (periodista Radio Universidad de San Luis) y Eduardo Latino (Agrup. Educ. Popular y Comunicación. Mendoza).
Una extraordinaria convocatoria en el microcine de la UNSL, que fue tuiteada por varios alumnos, con los que quedé en contacto. Gracias @ecosenza@exilumus@Elina_GM@FlorTorres_jb por el contacto posterior.
Aquí, un apunte de la charla y la presentación.
Redes sociales, ciudadanía y “revoluciones” virtuales
Corría 1995. El pensador francés Alan Minc ponía en circulación un libro que, al menos en su traducción al español, tenía un título muy atractivo: La borrachera democrática. El nuevo poder de la opinión pública.
Las sociedades desarrolladas, decía Minc, se habían basado sobre lo que llamó una “santa trinidad”, formada por la democracia representativa, el Estado-providencia y la clase media.
Sin embargo, los cambios sociales que se habían producido en Europa modificaron la composición de esa “santa trinidad”, que pasó a estar integrada por los jueces, los medios de comunicación y la clase media.
Por entonces, los medios estaban en condiciones de moldear a una opinión pública e influir de manera determinante sobre ella.
Era impensable una revolución sin la participación de los medios como propagadores de ideologías y acciones.
Eso explica, desde siempre, la decisión del poder de turno de lograr un entramado de medios que les respondan para contrarrestar la acción ideológica que tendía a quitarle al poder su condición de ordenador social.
Todo bien, hasta que, allá por 1996, hizo su irrupción en escena la más poderosa herramienta comunicacional de la era moderna: Internet.
La popularización de la red de redes tuvo un crecimiento fenomenal, a punto tal que nadie apuesta a creer que alguna vez logre el punto de madurez, como ocurrió con la industria tradicional de medios, conformada por diarios, radios y canales de televisión.
El mensaje dejó de ir de uno a muchos y pasó de muchos a muchos.
Desde entonces, el control de ese mensaje se tornó poco menos que imposible, salvo que –como en China y pronto en Irán- se apliquen rígidas censuras sobre Internet.
Con todo, el acceso a los medios se vio favorecido, pero no fue suficiente para que éstos mantuvieran su centralidad en el ecosistema informativo.
Muy rápidamente, la sociedad se empoderó de las herramientas y comenzó a darse a sí misma nuevas, rápidas y eficientes formas de comunicación.
Y aquí vamos a punto: una herramienta fundamental son hoy las redes sociales.
• Información al instante.
• Generada por los propios usuarios.
• Contacto directo con las fuentes.
Esta es la nueva “santa trinidad” que está afectando con mucha severidad a la industria de los medios de comunicación.
Sólo basta repasar las pérdidas de audiencia que están sufriendo para comprender la profundidad del fenómeno.
Cito al español Arcadi Espada:
Hay un cambio radical en el paisaje informativo donde la fuente puede contactar sin mediación con los ciudadanos.
Es evidente, y esto tiene formidables consecuencias, que el periodismo ya no gestiona en solitario el debate sobre el conflicto social
Claramente, los periodistas están dejando el centro de la escena como constructores de noticias.
Porque perdieron la credibilidad o porque actuaron de una manera que generó reacciones adversas de la sociedad.
Frente a esta realidad, la gente, la comunidad, se comunica entre sí y con sus fuentes de manera directa, sin intermediarios.
Ahora bien, ¿pueden las redes sociales lograr un entramado de relaciones sólidas en la comunidad, que sean capaces de moldear una nueva política por fuera de los viejos, tradicionales y desgastados esquema de poder?
Estamos hoy en el medio de un interesantísimo debate sobre si Facebook o Twitter son herramientas imprescindibles para “hacer la revolución”.
Egipto, Túnez, Libia y, en estos últimos días, España nos revelan, sí, la capacidad de estas redes para organizar movimientos de resistencia al poder.
Lo de Túnez, decía hace poco el periodista Manuel Castells en el diario barcelonés La Vanguardia, “no fue una revolución por internet. Pero sin internet esta revolución concreta no se hubiera producido”.
En efecto, por internet llegaron las imágenes e informaciones de Túnez.
Y las redes sociales fueron la plataforma de movilización, de coordinación, de solidaridad y de popularización del objetivo de acabar con Hosni Mubarak en Egipto.
Los acampantes en las plazas de España se convocaron también vía redes sociales.
Y, sin embargo, la protesta que tendía a dejar vacías de contenido las elecciones del domingo 22 terminó con un castigo al Gobierno socialista.
El “que se vayan todos”, como ocurrió en la Argentina en 2001, terminó beneficiando al conservadurismo, que ganó las elecciones.
Pero volvamos sobre la capacidad de las redes sociales de generar ciudadanía.
Está claro que la comunicación favorece la movilización.
En la Argentina podríamos pasar de las cacerolas de 2001 a Twitter o Facebook.
Sin embargo, se encienden luces de alerta: un estudioso como Malcom Gladwell publicó en The New Yorker un artículo titulado “Pequeños cambios. Por qué la revolución no será tuiteada”.
Gladwell considera que Twitter o Facebook, o cualquier dispositivo de social media que aparezca, se constituya en el motor de alguna revolución.
¿Por qué? Básicamente porque las redes sociales implican lazos débiles entre los involucrados y porque no incluyen actividades de alto riesgo.
Clay Shirky, otro profesor universitario de Nuevos Medios, que fue aludido por Gladwell en su artículo, tiene una visión distinta:
Aunque los medios sociales tal vez no lleven sin escalas a la revolución, sí ayudan a conseguir los cambios profundos.
Porque permiten –dice Shirky- coordinar las acciones con “un mayor acceso a la información, más oportunidades de participar en el discurso público y una mayor capacidad para emprender una acción colectiva”.
Esto es, en otras palabras, “la posibilidad cierta de construir ciudadanía”.
Vuelvo sobre Manuel Castells, cuyo seguimiento recomiendo, para cerrar:
“El control de la comunicación siempre ha sido una forma de poder. Por ello, la política es mediática. Lo que no existe en los medios, no llega a los ciudadanos”.
Vía @jlori accedo a un Manifiesto de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (Fape), en el que hace un repaso de los nuevos y difíciles tiempos que enfrenta la profesión.
Me quedo con dos conceptos que me parecen centrales:
Ante los cambios veloces e imparables que promueven las nuevas tecnologías, la inversión en formación continua aparece como una de las grandes prioridades de la nueva era de los medios. Una formación que la Fape concibe en dos apartados: tecnológico y ético. Corresponde impulsar la primera a las asociaciones de periodistas, a los sindicatos y a los medios; la segunda, a las universidades.
Los medios digitales no necesitan inventar otra ética, ya que ésta no depende de los soportes o de modelos nuevos. La pluralidad, la veracidad, la objetividad y la independencia son robustas muletas en las que se apoya la ética, ya sea para los medios escritos como para los audiovisuales y digitales. La honestidad en el manejo de los datos, el rigor, la búsqueda de la verdad, el respeto a la intimidad y al honor de las personas tienen que abrigarnos siempre.
Si bien tienden a otorgarle importancia institucional a la presencia en la web, los medios medianos y grandes no han conformado allí redacciones que superen a las que cuentan para sus productos en papel. Es comprensible: Internet no es una usina de ganancias, al menos por ahora, y el cobro de contenidos, como modo de solventar la presencia en la red, no ha dado resultados. En definitiva, los sitios en Internet terminan siendo subvencionados por el papel. Por eso, en los últimos años se está discutiendo sobre la necesidad de hacer converger ambas redacciones, aunque no sea otra cosa que la absorción de parte de la redacción menor por parte de la mayor.
Sin embargo, aparece un problema de carácter cultural: la metodología de trabajo de los periodistas en papel no resulta fácil de adaptar para que sus noticias se vuelquen en la red. Probablemente por falta de formación, no se comprende cuán importante es que su nombre esté en la web como modo de traccionar lectores hacia el papel.
Es habitual que muchos esfuerzos se pierdan por la división tajante y la falta de contacto entre ambas redacciones: dos redactores escribiendo la misma historia. Aquí es donde adquiere valor la integración del editor web a la mesa de arena, en particular en situaciones de crisis, cuando todo se convierte en un caos.
De ese modo, se podrán aprovechar los materiales de ambas redacciones en un cruce que tenderá a potenciar a los dos medios. Internet podrá contar con anticipos informativos tanto en texto como en audio y hasta, inclusive, video (recordemos que su estructura en general le impide construir noticias desde la calle) y análisis inmediatos de parte de los columnistas del diario.
El papel, a su vez, ganará en presencia inmediata en la web, de modo de “vender” por adelantado los contenidos del día siguiente. Y, como en toda cobertura, los recursos humanos son escasos, habrá más mano de obra disponible, por el aporte de los redactores web.
Adicionalmente, la apertura de foros o espacios para la opinión de los lectores podrá ser utilizada para nutrir una cobertura con una percepción bastante clara de lo que opina el público medio del diario, sus expectativas, inquietudes e intereses, que deberán quedar plasmados en la edición “del día después”.
En otras palabras: es probable que en la inmediatez de la noticia en Internet no podamos darle todas las respuestas, pero la ventaja de tiempo que ofrece el papel nos posibilitará un acercamiento certero a esas necesidades informativas.
La adaptación no resulta sencilla, pero la formación temprana brinda la posibilidad de convertir al redactor en lo que David Randall llama “el periodista universal”:
Sean cuales fueren nuestras predicciones sobre el futuro, el de los buenos periodistas será más brillante que el de muchas personas que auguran nuestra desaparición. La información se podrá transmitir sobre papel, a través de ondas, mediante cables de fibra óptica, vía satélite o por telepatía, pero, en todo caso, alguien tendrá que filtrarla, investigarla, comprobarla, cuestionarla, escribirla y presentar unos resultados tan dignos de confianza como sea posible. ¿Quién se encargará de estas tareas? El periodista universal…
Con quienes ya tienen muchos años en el ejercicio del periodismo tradicional, es necesario tender puentes para que comprendan el fenómeno web y toda su potencialidad. Ellos pueden, a cambio, ofrecer una historia de rigor informativo y adecuado manejo de fuentes a sus colegas on line, en general gente mucho más joven.
Para estos últimos, lo importante, según Rubén Darío Buitrón[1], se resume en tres puntos:
Primero, armar un equipo de calidad y mística, comprometido con la misión de informar y dispuesto a correr el riesgo y hacer el enorme esfuerzo de abrir nuevos caminos.
Segundo, construir una base de credibilidad y verosimilitud, lo que a la larga le dará prestigio y lectores fieles.
Tercero, ser eficaces en el manejo informativo, logrando una sinergia entre la velocidad para poner la información en el sitio web y la precisión, la exactitud y el rigor periodísticos.
Este trabajo integrador resultará en calidad cuando se trate de coberturas de alto impacto.
[1] BUITON, RUBÉN DARIO. Seis reflexiones sobre periodismo impreso y periodismo digital. Ponencia presentada en el Seminario Internacional sobre Periodismo Digital, organizado por Ciespal en Quito, del 24 al 28 de noviembre del 2003.
Con seguridad este será el último post de este 2010.
El año cierra con una certeza y una incertidumbre, aunque parezca paradójico.
La certeza está en que, para los periodistas, ya nada volverá a ser como antes.
La incertidumbre, en que no tenemos muy en claro cómo va a ser nuestro futuro en un ecosistema informativo que se convierte a una velocidad que nuestra cultura no nos permite advertir.
Para despejar el horizonte, siempre es bueno seguir a los que estudian mucho y, por eso, saben. Esther Vargas es una de ellas, entre los líderes.
Su blog Clases de Periodismo está la mayoría de las veces a la vanguardia de nuestras dudas.
Este fin de año vuelve a ponerse en la punta del viento y nos ofrece "Reflexiones sobre Periodismo, lo que dejó 2010 y lo que se viene en 2011".
Gracias Esther!!! Feliz 2011...
Reviso el diario El País, de Madrid, del 31 de octubre y veo una entrevista a Giovanni Di Lorenzo, director del diario alemán Die Zeit.
Encuentro algunos conceptos sobre los que venimos trabajando: que Internet no es la causa central de la pérdida de difusión de los diarios. Di Lorenzo plantea que la falta de credibilidad y de calidad son factores concurrentes.
La entrevista de El País.
Lo que dijimos en un barcamp en agosto pasado y, antes, en mayo de 2009, en La Mañana de Neuquén.
Sirva esto sólo para autoconvencernos de que no estamos tan errados.
Cinco pensadores y hacedores -Jeff Jarvis, Alan Rusbridger, Rosental Alves, Jim Vandehei y Ariana Huffington- hablan del futuro del periodismo, en una serie de videos imperdibles de El País. Pasen y vean.
El sábado tuve la suerte de participar en el Barcamp, que se realizó en la UES21. Para mi poca experiencia, ser el primero en abrir el fuego fue un desafío e-nor-me. Acá les dejo los apuntes de la charla por si a alguien le interesa. De hecho, algunos conceptos no son novedosos y los pudieron leer antes en este blog. Gracias a todos los que estuvieron twitteando. Fue una buenísima experiencia.
De cómo la audiencia nos puso en la nube. Y cómo sobrevivir en la nueva era de los medios
Cada vez que doy una charla o una clase, en particular si se trata de gente joven, suelo hacer una encuesta.
Como veo muchos jóvenes, creo que es oportuno repetirla acá:
Que levanten la mano los que sepan qué es Lexikon 80.
Bien, contemos un poco... Ahora, que levanten la mano los que sepan qué es Centrino Duo.
Bien gracias…
Otra pregunta más ya que estamos: ¿Cuántos de ustedes utilizaron alguna vez un télex? ¿Cuántos de ustedes se comunican a través del correo electrónico?
Las respuestas a ambas preguntas unen dos puntos cercanos en una línea de tiempo y que, sin embargo, constituyen un salto fuertísimo en la profesión periodística.
Esos dos extremos contienen también, aunque no lo percibamos a simple vista, el más poderoso cambio en la sociedad, en tanto audiencia de los medios y de los periodistas.
Formo parte de la generación a la que, por fortuna o desgracia, le toca vivir una etapa de transición desde un pasado tranquilo a un futuro con incertidumbre.
En este salto a lo desconocido, los periodistas sólo tenemos dos opciones: Nos quedamos en el pasado a ver cómo mueren aquellos medios que conocimos. O asumimos el riesgo y nos avanzamos para tratar de descubrir cómo nos mantenemos vivos dentro de una constelación comunicativa en la que dejamos de ser el centro de la galaxia.
Miremos un poco dónde estamos parados para ver hacia dónde podemos ir.
Pues bien, nos encontramos en un momento en que los medios pierden audiencia y los periodistas parecemos incapaces de revertir esa situación. Lo más simple es echarle la culpa a Internet.
Sí, a Internet.
Porque culpa de esas tres doble V la gente encuentra una sobreabundancia de modos de informarse y hasta genera los suyos propios, con prescindencia del periodismo.
Pero es una respuesta simplista, demasiado simplista.
¿Por qué la gente cambió los modos de informarse?
Digámoslo con todas las letras sin ponernos colorados: Porque los medios, construidos cada día por los periodistas, no satisfacen sus demandas, sus intereses, sus expectativas.
Si nuestras audiencias tradicionales van desapareciendo paulatinamente por razones biológicas, las nuevas generaciones no nos tienen en su radar informativo.
Antes bien, han elegido otros modos de comunicarse que prescinden de los medios tradicionales.
Para estas generaciones jóvenes, un diario ya no es seña de identidad como lo fue para nuestros padres o lo es para muchos de nosotros. Definitivamente, un diario no significa nada para ellos. Su lugar vital está en las redes sociales.
¿Qué hicimos los periodistas frente a esa realidad que, en muchos casos, no advertíamos?
Poco y nada. O lo contrario de lo que debíamos hacer:
1. Estuvimos alejados de la capacitación continua.
Los que ocupábamos un escritorio en las redacciones, consideramos que eran suficientes la experiencia que nos acompañaba y eventualmente los conocimientos adquiridos en las escuelas de periodismo. Y para siempre.
La tecnología era, más bien, una carga pesada para aquellos que habían sido llamados a reinar en el mundo de las ideas y los pensamientos, y a marcar los rumbos de la sociedad.
2. Estuvimos alejados de la sociedad.
Dejamos las calles para encerrarnos en la comodidad de las redacciones. Pero también preferimos los despachos oficiales a los barrios; las asambleas del poder a las reuniones de vecinos. Definitivamente, le perdimos el pulso a la gente.
3. Estuvimos alejados de la profundidad.
Optamos por ofrecer un tratamiento generalista de la información, sin profundidad y con bastante poco contexto. Fuimos, con perdón del neologismo, “todólogos”, sin advertir que en los distintos nichos de la audiencia convivían lectores con niveles de conocimiento demasiado superiores a los que contábamos.
4. Estuvimos alejados del negocio.
No comprendimos que éramos contribuyentes a un modelo de negocios. No es que pretendamos postular que se debe hacer negocios con el periodismo, una de las más negras manchas de esta profesión. Si no, entender que el éxito de los medios, lo que los hace poderosos, es su independencia económica.
Pero no, muchas veces preferimos abrir brechas entre las redacciones y el resto de la compañía. No fuera que nos contaminasen. ¡Vaya error!
5. Y estuvimos alejados de un nuevo periodismo.
Porque hemos sido, también, incapaces de romper la inercia que nos imponían los paradigmas del viejo periodismo.
E incapaces de comprender que hay conceptos que forman parte inescindible de la profesión, pero otros que van mudando conforme se modifican los hábitos de consumo noticioso de la sociedad.
Me podrán decir, con razón: Está bien, pero cómo salir de la encerrona. Primera cuestión que me parece fundamental: reconocer que es inadmisible ser casi analfabetos digitales en un mundo en que sus habitantes se mueven cada vez más en entornos virtuales.
La audiencia ya no está sólo los formatos tradicionales de los medios.
¿Por qué nos va a esperar a nosotros si cuenta con miles de posibilidades de mantenerse informada? Debemos estar donde está esa audiencia, no importa el soporte.
Bajo el concepto de las redes sociales, tenemos que insertarnos en el medio de esos grupos humanos para ser nosotros los gestores de la información que circula.
Y ofrecerles los servicios que esa gente necesita; es decir, convertirnos en paso ineludible, pero hacerlos sentir a ellos parte de la construcción de este nuevo modo de hacer periodismo desde nuestra propia plataforma.
Para eso es fundamental conocer todas las herramientas posibles y aplicarlas.
Twitter, Facebook, Orkut, etc, etc, etc.
Habrá, pues, gente que nos siga, pero bajo una condición fundamental: Ser creíbles, ser rigurosos, ser atinados.
O sea, nada que no forme parte de los paradigmas tradicionales del periodismo.
Pero hay un segundo aspecto, atado a estos últimos conceptos, que es fundamental y se llama, sencillamente, calidad.
Si alguien cree que hoy el periodismo ofrece información de calidad, que lo diga.
No voy a enojarme, pero no estoy de acuerdo.
Al contrario, estoy seguro de que la mayoría tiene una visión absoluta y razonablemente crítica del periodismo, tal como se ejerce hoy.
Un manejo de fuentes con mucha liviandad (o complicidad), falta de equilibrio en el tratamiento noticioso, la pérdida de la perspectiva que debe contener cualquier información, desconocimiento de temáticas que las audiencias conocen mejor que nosotros.
En definitiva, un cóctel maldito que nos emborrachó y nos mantiene con resaca.
Revisen ustedes las supuestas últimas tendencias del periodismo y verán que hay dos postulados básicos: Convergencia y transparencia.
Convergencia presupone una cuestión estructural.
Es decir, unir dos estructuras separadas.
El problema es que cuando una de las patas tiene un mayor peso específico, en el caso de los medios las redacciones tradicionales, es obvio que éstas tenderán a absorber a la de menor peso.
Y las redacciones digitales han sido, siempre, los benjamines de los medios, a los que se les achacan vivir de lo que aporta el formato madre.
Aún no se entiende del todo que lo que se necesita es un profundo cambio cultural. Y del modelo de negocios, claro.
Este cambio cultural es el que deben enfrentar los periodistas para no morir bajo el tsunami de una audiencia a la que no comprenden. Ojo con comprar a paquete cerrado a los gurúes de la convergencia que sólo apelan a cuestiones mobiliarias (cambiar escritorios de lugar) y de herramientas.
Hace falta mucho más para que un periodista pueda sobrevivir, recobrando la credibilidad.
Además, escuchamos hablar de la necesidad de transparencia.
Pero si es obvio: hoy más que nunca, el ejercicio periodístico debe ser transparente.
La condición es dejar de ser cómplices de fuentes interesadas, capaces de comprar el alma del diablo.
Definitivamente, los periodistas somos responsables de haber convertido a las salas de redacción en cenáculos donde se dirimían cuestiones de poder. Estemos donde estemos, con la Olivetti o con lo mejor que ofrece el mercado tecnológico, ocupémonos de estar donde está la audiencia.
Gracias a todos los que twittearon, y en especial a @florlewis; @fpiccato; @bachitux; @ jmlucero por su colaboración.
Esto se twitteo
p0nja @andrespiazza@nach_in @jperotti @jmlucero felicitaciones, muy buenas charlas y todo. Gracias por todo, Andrés. La pasé 11 puntos.
andrespiazza @Danuip yo reconocí a @bachituxen la cola para comer en Mega Doner, pero conté con la ayuda de @jperottia en su charla #barcampcba
vanegazze Excelentes charlas de @jperotti y @rodrigogalindez #barcampcba
bachitux Una de las frases del #barcampcba: @jperotti "Hay todofilos en todos lados..."
bachitux Por si no sabian, me he recibido en el #barcampcba de videologo oficial de las charlas de @jperotti... A proposito, muy buena! #mostro!
bachitux @hernanpousando EDGE (En Dedos Gano Enters) con su BB antes de la charla de @jperotti #barcampcba
olivabianco En el #barcampCba; la charla de @jperotti fue muy buena, valió lo de "madrugar".
fpiccato #barcampcba @jperotti: Al periodismo lo hicimos opaco los periodistas, nunca debió dejar de existir la transparencia
fpiccato @jperotti en #barcampcba: Ojo con comprar a libro cerrado lo que venden los gurúes de la convergencia: con cambiar escritorios no alcanza
panchorgl RT @p0nja: Escuchando a @jperotti de La Voz #barcampcba http://tweetph...// escuchado por que sabe mucho!!
elfederiko Muy bien @jperotti en la primer charla del #barCampCba
YoForrest "Los periodistas somos Todologos" @jperotti dixit #BarCampCba
elfederiko Muchas preg. para @jperotti, yo hubiera preguntado por q salió tan mal la implementación del nuevo sitio pero no tiene que ver con la charla
jmlucero La transparencia es el nexo de #credibilidad entre el #periodista y la #audiencia. @jperotti analiza el nuevo rol de los comunicadores.
gcasado29 La primer charla fue interesante... Por fin puedo dejar de meter en la misma bolsa a todos los periodistas @jperotti #barcampcba
rodriviola RT @maxipe: "La única salvación es recuperar la calidad" @jperotti #barcampcba
maxipe "La única salvación es recuperar la calidad" @jperotti #barcampcba
jmlucero @jperotti, redefiniendo la #transparenciaen el periodismo. #BarcampCba
maxipe "Al periodismo lo hicimos opaco nosotros y ahora venimos a decubrir la transparencia" @jperotti #barcampcba
lisa_simpsonlklisa_simpsonlk RT @jmlucero: La opinión pública murió, lo que hay hoy son audiencias @jperotti en #BarcampCba, apunte de @becube
maxipe "Hace falta un fuerte cambio cultural que requiere mucho más que sólo el uso de la herramienta" @jperotti #barcampcba
elfederiko @YoForrest nosotros estamos en la de @jperotti, como esta todo por ahí? #barCampCba
nicolova RT @guillermocuello: Con @lenamillon@denisemazmanian@nicolova@caroraspo en el #barcampcba escuchando a @jperotti/ y @monibega (mariposas)
FonkyNero http://twitpic...- Escuchandolo al amigo @jperotti... #barcampcba
maxipe "Hay que mantener la santísima trinidad: ser creíble, rigurosos y atinados" @jperotti #barcampcba
sebamoreno RT @jmlucero: RT @maxipe: "Es inadmisible para un periodista ser analfabeto digital" @jperotti #barcampcba
FonkyNero Escuchandolo al amigo @jperotti...algo tarde pero la intencion es la que vale!!!
nicolova En un mundo donde la info abunda, debemos ser gestores de la info y lograr que la audiencia se sienta parte @jperotti #barcampcba
jmlucero RT @maxipe: "Es inadmisible para un periodista ser analfabeto digital" @jperotti #barcampcba
maxipe "Debemos lograr que la audiencia se sienta parte de la construcción informativa" @jperotti #barcampcba
decimetoni RT @maxipe: "La pregunta es por qué la gente ha cambiado el modo de informarse" @jperotti #barcampcba
maxipe "Es inadmisible para un periodista ser analfabeto digital" @jperotti #barcampcba
gcasado29 Por fin un periodista que reconoce que no nunca participaron en el desarrollo económico de un medio... @jperotti
maxipemaxipe "Los periodistas tradicionales nos alejamos del nuevo periodismo" @jperotti #barcampcba
FrancoG @jperotti: Pecados periodísticos: alejados de la capacitación, sociedad, profundidad, negocio y nuevo periodismo. #barcampcba
guillermocuello Con @lenamillon@denisemazmanian@nicolova@caroraspo en el #barcampcba escuchando a @jperotti
elfederiko Entramos en la charla de @jperotti con @MaxiLero #barCampCba
maxipe "Nos ajelamos de la calle y la gente nos respondió con blogs, twitter y coberturas en vivo" @jperotti #barcampcba
LenaMillon En el #barcampcon @guillermocuello, @denisemazmaniany @nicolova. Ahora hablando @jperotti del periodismo y su adaptación.
jmlucero La opinión pública murió, lo que hay hoy son audiencias @jperotti en #BarcampCba, apunte de @becube
nicolova La opinión publica murió. Hoy hay nichos de interés @jperotti #barcampcba
maxipe "Los periodistas estuvimos mucho tiempo alejados de la formación continua" @jperotti #barcampcba
soyjey Esta bueno lo que dice @jperotti pero no me parece nada novedoso... #BarCampCBA solo una opinión de simple espectador.
lisa_simpsonlk La agenda periodistica debe responder/adaptarse a los intereses de los usuarios y no al reves dice @jperotti #BarcampCba
maxipe "Cuando empezó esto, los periodistas hicimos lo contrario a lo aconsejable" @jperotti #barcampcba
CaroRaspo Comenzó la charla del groso de @jperotti en el #barcampcba =) con @p0nja de un lado y @koppel del otro =P
jmlucero En la charla de @jperotti, un poco de historia y análisis del rol de los comunicadores. Muy interesante.
rodriviola La gente joven se informa sobre lo que le interesa no sobre lo que le imponen vía @jperotti #barcampcba
maxipemaxipe "La gente jóven se informa más que uno, pero de lo que le interesa" @jperotti #barcampcba
maxipe "El diario ya no forma parte de la identidad de las nuevas generaciones" @jperotti #barcampcba
rodriviola RT @matias: En charla de @jperotti #barcampcba
nicolova Alguien tiene el diario de hoy acá? @jperotti. /cri cri cri #barcampcba
maxipe "La pregunta es por qué la gente ha cambiado el modo de informarse" @jperotti #barcampcba
nicolova Hoy los periodistas no somos el centro del ecosistema informático @jperotti #barcampcba
matias En charla de @jperotti#barcampcba
lisa_simpsonlk Escuchando la charla de @jperotti "Periodismo en las nubes" #BarcampCba
denisemazmanian Escuchando a @jperotti Arranco el #barcampcba :)
p0nja Escuchando a @jperotti de La Voz #barcampcba http://tweetph/...
nicolova Quiero un telex #barcampcba @jperotti
nicolova Que groso que hoy ya no recordemos los inicios de la informática. Escuchando @jperotti #barcampcba
andrespiazza @jperotti abre #Barcampcba en Auditorio (charla sobre Periodismo y la Nube). Me prometió dejarme la pantallahttp://tweetph/...
xmarcos Habla @jperotti en #BarCampCBA
maxipe Con @okeycomputer esperando la charla de @jperotti #barcampcba
marceloczarate En la primera charla con @jperotti... Periodismo en la nube... #barcampcba
Aclaración previa: alguien leerá esto y, con todo derecho, me preguntará quién me creo que soy. Responderé que esta es una modesta autocrítica sobre nuestro papel en el periodismo. Y lo hago desde que formo parte de la generación que atraviesa los turbulentos tiempos de la transición hacia nuevos modelos informativos y que no sabe bien cómo saldrá parada.
Acabemos ya con un mito: apenas con la convergencia de redacciones no iremos a ninguna parte. Quiero decir que es un concepto que, en soledad, poco aporta a la necesaria salvación del periodismo. Poco, muy poco. Juntar periodistas que provienen de distintas plataformas; cambiar de lugar escritorios; armar mesas que concentren las decisiones editoriales, comprar/usar las últimas herramientas tecnológicas disponibles son apenas algunas acciones, que algunos medios intentan con la clara intención de no caer al abismo al borde del cual los ha colocado una sociedad cada vez más hiperconectada. Que no están mal, claro, pero no radica ahí la única alternativa salvadora. Importante, pero no suficiente. Puede ser bárbaro que todos estemos juntos, que compartamos las horas de trabajo y que aprendamos el manejo de los programas más apropiados para trasladar las noticias a las audiencias. Pero no alcanza ahora ni va a alcanzar nunca. El problema parece estar, antes que en esas necesidades, en otras, más urgentes. Viejos peces de aguas calmas, los periodistas no aprendimos, como las truchas, a nadar en contra la corriente para preservar nuestra especie. Claro que no; después de todo, venimos de una industria que, por décadas, arrojó niveles de ganancias por encima de la media de cualquier otro sector económico. Pero, además, esa era de bienestar convirtió a los periodistas en factores de poder y les apoltronó los despachos del establishment, alejados de las calles donde una sociedad iba mutando hacia remozados modos de comunicarse. El cristal que rodeaba al palacio comenzó a resquebrajarse. Y, así, el balance arrojó una primera víctima: la credibilidad. Moribunda la confianza y con herramientas nunca antes en sus manos, la audiencia desplazó a los medios del centro de su elección. Caída de ventas, mercados publicitarios en fuerte baja, precios en alza del papel, acompañaron en la pendiente a diarios cuyo valor cultural era nulo para las generaciones más nuevas, mientras sus lectores tradicionales se van agotando en un ciclo biológico irreversible. Los periodistas creímos que construir un mensaje unidireccional o, apenas bidireccional si escuchaban alguna vez a la audiencia, era seductor para seguir formando “opinión pública”, sin entender que esa masificación de los receptores del mensaje había desaparecido. Y que el público, siempre varios pasos más adelante, había decidido convertirse en receptor, pero a la vez en fuente de la información. Caímos del Olimpo, desbordados por una realidad que se nos convirtió por momento en inasible. ¿Quién es el culpable de esta crisis tan profunda de la prensa? ¿Los empresarios? ¿O los periodistas? Las preguntas atraviesan el firmamento sin encontrar respuestas certeras, aunque sobran los diagnósticos. Se habla, entonces, del agotamiento de un modelo de negocios en una industria que maduró con rapidez inusitada desde la década de los ’90 hasta quedar al borde del electrocardiograma plano. Se habla, también, de la falta de comprensión de los periodistas sobre su inclusión en lo que es, mal que les pese a muchos conceptualistas radicalizados, un esquema productivo que va más allá de la fabricación de noticias y que debe ajustarse a una realidad empresaria. Tal vez ambas posturas tengan algo de razón. Como fuere, la realidad es demasiado agobiante como para discutir, a esta altura del partido, quién es el culpable. Los gurúes de un nuevo periodismo atinan a sugerir remozados modelos informativos y elevan sus voces en favor de una convergencia de redacciones que, sostienen, es la panacea para la resurrección de los medios. Sin embargo, no hay a la vista ningún esquema que pueda demostrarse, en esta corta etapa, como exitoso. Grandes proyectos periodísticos, montados sobre la presunción de un triunfo escrito de antemano, se derrumbaron sin más, a poco de nacer. Algunos tratamos de salir, casi irreflexivamente, disparados hacia un futuro que desconocemos porque ni siquiera lo hemos trazado en un plano teórico.
En el plano formativo, la realidad va muy por delante del modelo educativo que se sigue imponiendo para los futuros periodistas. La enseñanza analógica continúa mandando dentro de las escuelas de comunicación. Hay, con todo, experiencias interesantes, cuyo resultado final todavía está en ciernes. Y para los que ya ejercen, la capacitación no parece estar –por decisión de ellos mismos y de las empresas que conforman- entre las prioridades. Entre tantos datos que inundan la red sobre los números de las compañías de medios –costos de personal, gasto en papel, lectoría, audiencia, etc, etc.- no hay registro alguno sobre los presupuestos destinados a la formación continua. Pese a todo, nos sumamos a un coro que ordena: • Hay que aprender el relato multimedia. • Hay que estar en las redes sociales. • Hay que dialogar con las audiencias. • Hay que… Sí, hay que hacerlo. Pero no nos preguntamos a nosotros mismos: para qué, por qué y, centralmente, cómo. Las recetas pueden ser buenas si antes entendemos el medio en el que tenemos que movernos.
¿Conocemos lo suficiente a la audiencia?
¿Tenemos en claro qué es y para qué sirve la web? Y con seguridad las fórmulas serán mejores si antes dejamos de ser arrogantes y nos sumergimos en un debate que tenga como objetivo reconvertir el periodismo desde las bases. Porque, previo al daño que puede haber provocado Internet en los medios tradicionales, el socavón se produjo por una fuerte pérdida de calidad en los productos informativos. Un manejo de fuentes con mucha liviandad (o complicidad), falta de equilibrio en el tratamiento noticioso, la pérdida de la perspectiva que debe contener cualquier información. Un cóctel maldito que nos emborrachó y nos mantiene con resaca. Hoy nos sorprenden experiencias que buscan hacer transparente el trabajo en las redacciones, pero a partir de herramientas. ¿Es que alguna vez el trabajo del periodismo debió ser opaco? No debió, pero lo fue. Convertidos en cómplices de fuentes interesadas, capaces de comprar el alma del diablo, los periodistas convertimos a las salas de redacción en cenáculos donde se dirimían cuestiones de poder. Cuando nos dimos cuenta, estábamos en el crepúsculo. Y aún así, seguimos creyendo que permanecíamos allá arriba. Tal vez sea el momento de repensar al periodismo, pero desde abajo. De nuevo desde los cimientos de la sociedad. Esa es la convergencia necesaria: la que nos vuelva a unir a las raíces. Lo demás, deberá venir por añadidura.
En Día del Periodista, en la Argentina, una reflexión sobre el periodismo y los medios. Publicada en la edición de este lunes 7, en La Voz del Interior.
Los periodistas argentinos conmemoran hoy su día inmersos en un debate sobre su futuro, en una era de cambios profundos en la industria de los medios de comunicación.
Comprender las mutaciones que vienen sufriendo las audiencias desde la aparición de Internet a mediados de la década de 1990 constituye tal vez el principal desafío para una profesión que reposó durante años en su condición de formadora u orientadora de la opinión pública. (versión completa)
Un periodista debe saber qué pasa en su pequeña comunidad, en su ciudad y en su país. He escuchado a muchos alumnos decir que en sus barrios no ocurre nada. ¿Es esto posible? Por eso considero importante que los profesores asignemos trabajos más allá de Google y de las bibliotecas, y tengamos en cuenta la importancia de rescatar historias de los espacios urbanos. De esta forma contribuiremos a formar un buen observa
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